Una idea muy humana
Por Luis Alberto Franco
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“Hay camino que al hombre le parece derecho; pero su fin es camino de muerte.”
Proverbios 14:12 (RVR)

“Así que vosotros, oh amados, sabiéndolo de antemano, guardaos, no sea que arrastrados por el error de los inicuos, caigáis de vuestra firmeza.”
2 Pedro 3:17

Introducción
El Papa Juan Pablo II había muerto. El mundo estaba absorto. Tal vez miles de millones de personas seguían las alternativas de la sucesión papal. Las exequias, que reunieron como nunca antes en la historia a casi todos los referentes del poder mundial, resultaron todo un símbolo.

Mientras tanto, en Buenos Aires, un famoso periodista ensayaba ante cámaras un editorial, mezcla de réquiem y biografía, en el que decía en lo sustancial algo más o menos así: “Ha muerto el Papa. Fue un auténtico pontífice. Un pontífice es quien tiende puentes. Juan Pablo II ha sido un tendedor de puentes. Los tendió hacia los judíos llamándolos nuestros hermanos mayores; hacia los protestantes llamándolos nuestros hermanos separados y hacia los musulmanes llamándolos los hijos de Abraham. Fue el Papa de la paz... Me pregunto: ¿No será que la gran enseñanza que nos legó Juan Pablo II es que a Dios nos aproximamos por diferentes avenidas? ¿No será que los seres humanos debemos ver a Dios como algo más amplio y menos sectario...?” El monólogo continuó, podríamos decir ecuménicamente.

Hacía tiempo que quien esto escribe venía estudiando el fenómeno del ecumenismo, su origen, su historia, sus derivaciones hasta el presente, y reflexionando sobre las probables consecuencias hacia el futuro. Creo que llegó la hora de hablar del tema, de tratarlo con algo de profundidad y decir muchas cosas que quizá –y sin el quizá– suenen impopulares.

Lo que nos proponemos hoy, desde esta columna en Reflexión Bautista, es desarrollar a través de varias entregas una serie de artículos sobre el fenómeno ecuménico, para que todos los hermanos puedan tener un parecer que seguramente será distinto al que está sonando en casi todos los rincones del cristianismo.
La fe en una era de conflictos
Es común en un conflicto que se extraigan conclusiones que centralicen en un punto las causas que lo originaron; sin embargo, nunca hay una única razón de inicio, siempre son la confluencia de variables las que lo originan en un momento determinado. Pero el hecho de que un juego de variables generen el estallido de un conflicto, no necesariamente indica que no exista un cierto factor que se destaca por sobre los demás.

En el mundo de hoy, que asiste perplejo a una “nueva” –aunque tiene miles de años– realidad en Oriente Cercano –región gravitatoria para la humanidad– el factor religioso tiene una relevancia primaria, ya que es un catalizador esencial en las culturas y es a partir de estas que se configura la realidad. En un sentido, lo “religioso”,1 por así llamarlo, casi escapa al concepto de variable, pues en religión los cambios son por lo general casi imperceptibles. Sin embargo, estos acontecen en el devenir del tiempo, y sus consecuencias son sustanciales. Por ese motivo, esforzarse por entender la forma en que varían las ideas o concepciones religiosas –y en un sentido más estrecho lo confesional– ayuda a comprender más panorámica y aproximadamente las interacciones que conforman la vida social, y a evaluar el cumplimiento de la misión asignada por Jesús a la Iglesia.2

Los hombres y mujeres nacidos en el último medio siglo hemos transitado, y lo seguimos haciendo cada vez más vertiginosamente, cambios extraordinarios, como alguien dijo: “... hoy lo único permanente es el cambio”. Esta sentencia en un sentido anticipada hace siglos por Heráclito, está alcanzando a la religión y dentro de esta muy particularmente a los cristianos en el amplio espectro que cubre tal categoría. El proceso se inició hace mucho tiempo, pero su evolución se aproxima muy rápidamente a un clímax quizá no pensado en sus orígenes: una amorfa unidad bajo el estigma del ecumenismo.

Aunque el fenómeno ya lleva más de un siglo, como nunca antes se está infiltrando con renovadas fuerzas a través de una estratagema que, so pretexto de la inconveniencia de las particularidades, toma cada vez más la forma de la apostasía.

Muchos líderes religiosos enrolados en diversas denominaciones cristianas creen que al transitarse tiempos de virulencia socio política, incertidumbre existencial y descreimiento generalizado, ya no se puede perder más tiempo en divisiones que en definitiva han sido concebidas por hombres del pasado. En general, los abanderados del ecumenismo, muchas veces poderosos referentes eclesiásticos, anhelan nuevas formas o métodos para desafiar al hombre actual; ellos están prontos para ensayar síntesis que les permitan alcanzar sus propósitos, aunque ello signifique ceder claros fundamentos de las doctrinas eternas de la fe, según surgen de la propia Palabra de Dios. Estos auténticos líderes –palabreja adecuada para el caso e inexistente en la Biblia– son quienes esgrimen las “buenas ideas” que plenas de “amor” y “apertura” serán las que en definitiva aporten las verdaderas soluciones a los problemas que angustian a una humanidad traspasada por la desazón.

La idea no es muy original, ya que la historia cristiana registra la arrogancia del voluntarismo humano en materia de centralización en torno de “una mayor fortaleza”, su versión más trágica –hasta ahora– fue la propiciada por el imperio encabezado por Constantino (274-337). Por eso resulta saludable recordar que las consecuencias de aquella construcción deliberada fueron centurias de desvíos y tropelías que harían eclosión en la Reforma,3 hito reconocible de un proceso jalonado por múltiples antecedentes de fidelidad de un siempre presente remanente.4
¿Qué es y qué quiere decir ecumenismo?
La voz ecumenismo proviene del griego oikoumene, que significa el orbe habitado. Oikos, raíz de la palabra, es el lugar en donde se desarrolla la vida en familia y también se utiliza como espacio en el que es posible llegar a construir una comunidad. En el Nuevo Testamento el verbo es utilizado para indicar la construcción de la Iglesia (Mateo 16:18) o para indicar el proceso de su edificación (Hechos 9:31).

Nuestra palabra economía tiene la misma etimología, es decir que proviene del griego oikonomía y se vincula con la tarea de administrar, proveer a las necesidades de la casa donde vive la familia.

En Las Escrituras Oikoumene tiene que ver más con el espacio en que ha de penetrar el evangelio (Mateo 24:12-14). El evangelismo, como lo practicó el Señor Jesús, tuvo dos formas: comunidad y predicación. La iglesia de entonces, dentro del oikoumene, anunciaba el Evangelio en base a la práctica de la unidad y el estilo de vida del Señor Jesucristo. Sin embargo, no se registra un paralelo del término para describir en forma concreta la unidad de la iglesia. En el Nuevo Testamento la palabra se utilizó unas quince veces en un sentido geográfico, mientras que para describir el concepto de unidad la voz más común fue koinonía o koinoneo.

Más contemporáneamente, el término se utiliza para describir ciertas generalidades vinculadas con la comunidad humana.

La palabra ecumenismo se aplica en nuestros días en forma general, a un movimiento que tiende hacia la unidad o solidaridad en varios sentidos de las relaciones humanas pero, en un sentido más estrecho, se emplea en el cristianismo para describir una actitud hacia la unidad, que contrasta claramente con la idea de una identidad diferenciadora.

Para el Concilio Mundial de Iglesias, el término ecumenismo describe lo siguiente: “[Es] un movimiento en la Iglesia que celebra la unidad de todos los creyentes en Cristo, trascendiendo las diferencias de credo, liturgia y forma eclesial que, iniciado en la conferencia de Edimburgo, en el año 1910, condujo a la creación del Consejo Misionero Internacional. En 1925 se estableció la Conferencia Universal Cristiana en la Vida y Obra, la cual se concentró en la aplicación del cristianismo a los campos político, social y económico; en 1927 se llevó a cabo la primera conferencia mundial de fe y orden en Lausana, la cual trató el tema de las bases teológicas de la iglesia y su unidad, lo que condujo a la creación del Consejo Mundial de Iglesias en 1948.”5 Lo trascripto ayuda a comprender la voz y la circunstancia en que el concepto de ecumenismo ha sido utilizado y permite inferir una aspiración a una unidad que no se esperaba orgánica, sino más bien de creyentes y de iglesias predispuestas al diálogo. Sin embargo, existen otras interpretación del concepto ecumenismo. Por ejemplo, Carlos Jimenez en Crisis en la Teología Contemporánea dice: “El ecumenismo es un intento por subsanar las peores consecuencias de las grietas del cristianismo, de eliminar la rivalidad entre denominaciones, de promover cooperación entre ellas, de formar una voz unida y ponerse en acción para aliviar los grandes males, como la guerra, la depresión económica, el racismo y la injusticia social”. Como vemos, en esta definición comienzan a introducirse una serie de propósitos más vinculados con la acción político-social que con la misión evangélica de cambiar el corazón del hombre por el poder del Espíritu Santo, como génesis de un cambio consecuente en la sociedad.

En otra definición, Santos Olabarrieta señala: “El movimiento ecuménico es un esfuerzo sin precedentes para establecer la unidad de todas las iglesias cristianas, superando las divisiones teológicas y confesionales, además de las barreras nacionales, sociales y raciales. Este movimiento busca al mismo tiempo: manifestar la universalidad de la Iglesia de Cristo y la unidad esencial común a todas las iglesias cristianas y el cumplimiento de su misión en el mundo”.6

Recientemente, el 23 de febrero pasado, en la IX Asamblea que se llevó a cabo en Porto Alegre, el Concilio Mundial de Iglesias acordó dar prioridad a la espiritualidad ecuménica. Al referirse a los temas centrales de la unidad cristiana, la Asamblea urgió al CMI y a sus iglesias miembros a dar prioridad a los temas de unidad, catolicidad, bautismo y oración. Los delegados llamaron a renovar los esfuerzos para manifestar una unidad visible de la iglesia que permita que el movimiento ecuménico brinde al mundo “un mensaje cristiano coherente y lleno de gracia y espiritualidad”. La Asamblea señaló diversas maneras de fortalecer la colaboración con la Iglesia Católica Romana, que no es miembro del CMI, y con las iglesias pentecostales. Los delegados acordaron desarrollar modos de trabajo con otros grupos de iglesias en los próximos años7.

Con otro matiz, la Iglesia Romana dice: “En un mundo que ha cambiado mucho durante los años que han pasado desde el concilio Vaticano II, la actitud católica [romana] con respecto al restablecimiento de la unidad está impregnada de un realismo nuevo. Hoy resulta más claro que nunca que el ecumenismo sólo se puede promover sobre una sólida base doctrinal y un riguroso diálogo entre los cristianos separados. Sobre todo, se comprende cada vez mejor que sólo se puede trabajar en favor de la unidad con una espiritualidad convincente y profunda, una espiritualidad de esperanza cristiana y valentía.”8

Como vemos, hay varios matices en la aproximación al término que nos ocupa, y su combinación puede llevar a equívocos. Pero si hiciéramos un esfuerzo por tratar de obtener factores comunes en las definiciones, tal vez podríamos decir que lo que llamaríamos preocupación ecuménica tiene que ver con el intento de fomentar el diálogo en pos de la unidad y cooperación de las diferentes corrientes cristianas con objetivos más bien amplios. Lo más útil para tratar de llegar a conclusiones precisas será, seguramente, explorar los orígenes del movimiento ecuménico y su evolución a lo largo de las décadas pasadas, lo que haremos en la próxima edición.
  1. Utilizamos la palabra religión en un sentido muy amplio en el intento por englobar todo sistema de creencias en un ser superior.
  2. No sostenemos la tesis de Huntington (Spengler, Toynbee), pero sí algunos aspectos de ella. En otra entrega de esta serie nos explayaremos.
  3. El 31 de octubre de 1517, cuando Martín Lutero clavó las 95 Tesis en el portón de la iglesia de Wittemberg.
  4. Adherimos a la explicación de la relación neotestamentaria por sobre la sucesión apostólica que nos alcanza Justo Anderson en Historia de los Bautistas, Casa Bautista de Publicaciones, Tomo 1, p. 37.
  5. Cross y Livingstone, Diccionario Oxford de la Iglesia Cristiana, Londres, 1974, p. 443-4
  6. Santos Olabarrieta, Sin Jesucristo todo es carroña, p. 130.
  7. www.wcc-assembly.info
  8. Presentación de Mons. Brian Farrel, ante el Consejo Pontificio para la Promoción de la Unidad de los Cristianos. Noviembre de 2004.
Luis Alberto Franco es licenciado en Ciencias Políticas y Máster en Economía.