Invocando la protección de Dios


Sergio Ibañez - Presidente de ABA - presidencia@bautistas.org.ar
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“Pacientemente esperé a Jehová, y se inclinó a mí, y oyó mi clamor. Y me hizo sacar del pozo de la desesperación, del lodo cenagoso; puso mis pies sobre peña, y enderezó mis pasos.”
Sal 40:1-2.


Vivimos en nuestro país un período de más de 36 años de orden constitucional, es decir 36 años en los que las responsabilidades del gobierno de la República fueron delegadas por el pueblo a representantes de distintos partidos políticos, que la han gobernado conduciéndola al estado en el que se encuentra.

No es objeto de esta columna juzgar la actuación de ninguno de ellos, ni a los que, en cada caso desde la ocasional oposición tuvieron en sus manos la oportunidad de corregir su rumbo. Como le dijera Jesús a Pilato “Ninguna autoridad tendrías contra mí, si no te fuese dada de arriba” Jn 19:11ª. Dios será el que los juzgue cuando llegue el momento, como así también lo hará con cada uno de sus hijos cuando nos pregunte ¿qué hiciste con el talento (o responsabilidad) que te di?

El Preámbulo de la Constitución Nacional, después de enumerar globalmente los derechos y garantías individuales, expresa: “invocando la protección de Dios, fuente de toda razón y justicia:”. Es decir que por un lado Dios les dio la posibilidad, a través de los mecanismos constitucionales de acceder a esos cargos, y ellos asumieron esa responsabilidad sometiéndose a la Constitución Nacional que los insta a invocar a Dios como fuente de toda, razón y justicia, haciéndolos doblemente responsables tanto por sus acciones como por sus omisiones.

¿Y qué de nosotros, los electores? Aquellos que tenemos el derecho-obligación de ser convocados a participar en las elecciones.

En primer lugar, debemos pedir dirección del Señor, para ejercer nuestro derecho anteponiendo el bien común a nuestro propio beneficio o parecer, comprometiéndonos a realizar un honesto examen de las motivaciones de nuestra elección, rogando que sea su voluntad y no la nuestra la que prevalezca en nuestro voto.

En segundo lugar, comenzar desde ya a orar rogando por las más ricas bendiciones de lo alto para quienes serán los elegidos siguiendo el consejo de Pablo a Timoteo: “Exhorto, ante todo, a que se hagan rogativas, oraciones, peticiones y acciones de gracias, por todos los hombres; por los reyes y por todos los que están en eminencia, para que vivamos quieta y reposadamente en toda piedad y honestidad.” 1Ti 2:1-2, para que sea Dios quien los instruya en toda razón y justicia.

Como ciudadano, y especialmente como creyente, es muy difícil no sentir angustia al ver la dramática realidad que nos rodea y la pobreza en las propuestas de los candidatos. Por eso tenemos mucha tarea que hacer, aportando desde nuestro lugar el granito de arena que contribuya al bien común.

Votemos en estas próximas elecciones con responsabilidad ciudadana, esforcémonos día a día, en vivir con fidelidad cristiana la vida nueva a la que accedimos por el sacrificio de Cristo en la cruz, busquémoslo con sinceridad, Él es fiel, nos ama e hizo todo lo necesario para darnos la verdadera libertad y justicia. La sanidad de un país comienza en la sanidad de sus habitantes y se extiende a sus familias, sus comunidades y regiones, extendamos entonces el testimonio del Evangelio de Jesús para gloria de Dios Padre. Amen.


“Si se humillare mi pueblo, sobre el cual mi nombre es invocado, y oraren, y buscaren mi rostro, y se convirtieren de sus malos caminos; entonces yo oiré desde los cielos, y perdonaré sus pecados, y sanaré su tierra.”
2ª Cr 7:14

Sergio Eduardo Ibáñez