
Los nombres de Susana Trimarco y de Marita Verón ocuparon
todos los medios de comunicación
en las últimas semanas, poniendo la atención de
la opinión pública en un delito aberrante que crece
año tras año y muestra la cara más oscura
de los seres humanos: la explotación del hombre por el
hombre.
Susana es la madre de Marita, una joven que desapareció
el 3 de abril de 2002 en las cercanías de su casa en Tucumán
cuando fue obliglada a subirse a un auto. Desde hace diez años
su madre lucha incansablemente por rescatarla y por llevar a juicio
a los integrantes de una red dedicada al tráfico de mujeres
que fueron forzadas a ejercer la prostitución, en lo que
puede constituirse en un caso emblema para combatir este delito
en nuestro país.
La Convención de las Naciones Unidas contra la Delincuencia
Organizada define la trata de personas “como la captación,
el transporte, el traslado, la acogida o la recepción de
personas, recurriendo a la amenaza o al uso de la fuerza u otras
formas de coacción, al rapto, al fraude, al engaño,
al abuso de poder o de una situación de vulnerabilidad
o a la concesión o recepción de pagos o beneficios
para obtener el consentimiento de una persona que tenga autoridad
sobre otra, con fines de explotación. Esa explotación
incluirá, como mínimo, la explotación de
la prostitución ajena u otras formas de explotación
sexual, los trabajos o servicios forzados, la esclavitud o las
prácticas análogas a la esclavitud, la servidumbre
o la extracción de órganos.”
Las personas víctimas de la trata, que habitualmente son
mujeres y niños en situación de marginalidad, son
obligados al tráfico y a la esclavitud sexual como también
al trabajo forzado.
En ocasión del Congreso de la Alianza Mundial Bautista
en 2005, tuve oportunidad de conocer a Lauran Bethell, una valiente
especialista en el tema, -quien recibió allí el
Premio de lo Derechos Humanos- por su trabajo en la denuncia de
estas redes de trata.
Ella contaba en su testimonio que la trata de seres humanos es
la “explotación de la vulnerabilidad” relacionada
básicamente con tres factores comunes en las víctimas:
las dificultades económicas, el abuso sexual infantil y
la marginalidad.
Pero lo cierto es que la explotación del hombre por el
hombre es posible, porque esa manipulación crea una dependencia
financiera y emocional y porque hay un mercado para ello.
Este delito internacional de lesa humanidad, se estima mueve decenas
de millones de dólares por año en el mundo y afecta
anualmente a más de cuatro millones de niñas, niños
y mujeres bajo formas de explotación sexual, laboral o
comercial.
La dificultad en que estos delitos salgan a la luz se debe a que
se mantienen en secreto o bien porque gozan de la protección
de las autoridades para no aplicar la ley.
En todos los casos, la dignidad de las personas, que es tal porque
nace del hecho de haber sido creada por Dios a su imagen y semejanza,
es pisoteada, dejando marcas imborrables en sus vidas.
Más que nunca nuestra actitud hacia este flagelo debe ser
el de ayudar a crear conciencia en la sociedad, prevenir y denunciar
hechos violatorios de los derechos humanos para que puedan ser
juzgados y sancionados.
En este sentido, la Alianza Mundial Bautista ha creado a través
de su Departamento de Libertad y Justicia, una base de datos de
personas desaparecidas o secuestradas que son buscadas por ser
víctimas de estas redes de trata.
Invitamos a todos aquellos que quieran aportar datos, que nos
lo hagan llegar para que los remitamos y así colaborar
en este delicado tema.
Esta base de datos ayudará a conectar y desarrollar esfuerzos
dentro de la comunidad bautista mundial fomentando la colaboración
entre aquellos que ayudan a las personas en situación de
riesgo en cada país.
La organización mundial de la que somos parte, ha reforzado
también su participación en colaboración
con las Naciones Unidas para poner fin a la trata.
Seamos pues parte como iglesias y a nivel personal, de esta importante
cuestión de los derechos humanos denunciando si tomamos
conocimiento, de la violación y explotación de los
más vulnerables de la comunidad local y mundial y pidiendo
el cese de este crimen.



