Esta es la clase de oración que debemos de hacer por nosotros y por los demás, "Señor abre nuestros ojos para que podamos ver", porque el mundo que nos rodea está lleno de caballos y carrozas que pertenecen a Dios, esperando para llevarnos a lugares de una gloriosa victoria. Cuando nuestros ojos estén abiertos así, entonces veremos en todos los acontecimientos de la vida tanto grandes como pequeños, alegres como tristes, una carroza para nuestras almas.
Todo lo que nos sobreviene puede convertirse en una carroza, en el momento en que lo tratemos como tal, por otra parte, aún la prueba mas pequeña puede aplastarnos y conducirnos a la desesperación si le damos mucha importancia.
Está en nosotros y no en lo que nos sobreviene, el que seamos perjudicados o beneficiados. Si permitimos ser pisoteados y aplastados por lo que nos acontece, entonces seremos afligidos en gran manera, pero si saltamos sobre nuestras aflicciones y adversidades como si fuesen un carro de victoria, y hacemos que nos transporten triunfalmente hacia arriba y adelante, entonces ellas se convertirán en las carrozas de Dios.
Hannah Whitall Smith
Con un alma amilanada el Señor no puede hacer mucho, de aquí que el enemigo trata de lanzar a los que pertenecen al Señor a la desesperación. Se ha dicho muy a menudo, que un ejército desanimado va a la batalla con la certeza de ser derrotado. Recientemente oímos decir a una misionera, que estaba inválida porque su espíritu había languidecido, y lo mismo sucedió a su cuerpo. Tenemos necesidad de saber mas acerca de los ataques que el enemigo lanza a nuestro espíritu, y como resistirlos. Si el enemigo puede desalojarnos de la posición que ocupamos, entonces tratará de extenuarnos, sitiándonos durante un largo período, hasta que por fin, a causa de una gran debilidad, le dejemos pronunciar el grito de victoria.